La golondrina de ventana: hábitat y nidificación

La golondrina de ventana (Delichon urbicum) es una especie de paseriformes (orden Passeriformes) perteneciente a la familia Hirundinidae. Se identifica por su color negro-azul en la parte superior del cuerpo (cabeza, espalda, alas y cola). La parte inferior del cuerpo es esencialmente blanca, así como las plumas de las patas. La grupa es de color blanco puro, lo que la distingue de la golondrina de chimenea. Los juveniles son a veces grisáceos en los costados.

Hábitat de la golondrina

Su hábitat es más bien de tipo montañoso o urbano. Viven en grupos de la misma especie y, como su nombre indica, anidan sobre las ventanas o en los marcos de las casas.
Durante su época de reproducción no se alejan de su nido pero, fuera de este período, se reúnen en dormitorios en los árboles, volviendo cada año a su nido original.

A diferencia de la golondrina común, la golondrina de ventana no ha colonizado América, pero se encuentra en la mayor parte de Eurasia y el noroeste de África.

Girando o deslizándose, las golondrinas de ventana vuelan a alturas muy altas sin alejarse del nido. Su comportamiento se caracteriza por una verdadera ayuda mutua para la caza, la prevención del peligro (chillidos) o la construcción de nidos. Forman una verdadera colonia organizada.

Nidificación

La anidación también es específica de esta especie. Su nido, hecho de barro extraído del borde del agua y saliva, forma una media esfera, compuesta en su parte superior por una pequeña abertura que permite una buena protección de esta última, dificultando así la entrada de otros individuos. Es la madre quien forma el nido frotando sus alas, pero la construcción del nido está en total cooperación con el padre y el resto de la colonia.

Su dieta consiste principalmente en pequeños insectos que sólo se capturan en vuelo y que a menudo se capturan por encima de los humedales.

Su pequeño tamaño le da un lugar privilegiado en la cadena alimenticia, pero hoy en día su mayor depredador sigue siendo el hombre. De hecho, la gripe aviar y sus lugares de anidación dificultan la convivencia con los seres humanos, lo que conduce a la destrucción de su hábitat.

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